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CAMINO DE FORMACIÓN DEL CORAZÓN

Marzo mes abarcado casi todo por el tiempo de cuaresma e inicio de la Semana Santa. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde dirigir nuestra reflexión? ¿Vivir por rutina? ¿Esperar las vacaciones o renovar nuestra fe?

Marzo mes abarcado casi todo por el tiempo de cuaresma e inicio de la Semana Santa. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde dirigir nuestra reflexión? ¿Vivir por rutina? ¿Esperar las vacaciones o renovar nuestra fe?

El mensaje del Papa Francisco nos invita a “Fortalecer nuestros corazones” evitando practicar la “indiferencia”, porque Dios no es indiferente al mundo.

Somos parte del pueblo de Dios, que tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo.

De forma sintética nos acercamos al mensaje para la cuaresma, esperando pueda ser útil para nuestro vivir cotidiano.

1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia

La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades

Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones. En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Y en segundo lugar La Iglesia por naturaleza es misionera, y la misión es lo que el amor no puede callar: Testimonio.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente

¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia? Tres cosas concretas nos propone el Papa Francisco:
1º. Podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial;
2º. Ayudar con gestos de caridad,
3º. El testimonio de sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos.

Ojalá podamos preparar nuestro corazón a vivir la semana Santa con una fe renovada, no esperando que de Dios nos venga la transformación de nuestro ambiente, sino trabajando por esa transformación desde la pequeñez de nuestros actos.

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